Mis amigos de la infancia. Parte 1.
El primer recuerdo que tenía de su vida era estar sentada en el suelo de la entrada de su casa tragándose un corchete.
A partir de ahí se sucede un enorme vacío, sin ningún tipo de recuerdo, hasta despertarse de su letargo y caer de bruces en una realidad que desde luego nunca habría elegido.
Una madre extremadamente joven y completamente ausente, con un carácter dictatorial que incitaba al miedo ante cualquier tipo de reacción, haría que a lo largo de su vida le acompañara un sentimiento de culpabilidad que ni siquiera en su madurez podría digerir.
Un padre -al que le faltaban horas del día- que luchaba por mantener y compensar, en la práctica, la orfandad materna, lidiando con una mujer caprichosa e indomable.
Así se vio ella, abandonada, cuando no tenía aún edad para ir al colegio.
Desde esa soledad exacerbada comenzó su vida, llena de imposiciones, humillaciones y siendo diana de todo tipo de mofas, golpes, y aún más. Obligada al destierro en la fría calle, pasando las horas muertas esperando a su padre, sentada en la orilla de un pequeño riachuelo del que en ocasiones bebía agua. Encuentra refugio en un colegio de religiosas donde se siente protegida, querida. Eso hace que sea consciente de que existe otra realidad muy distinta, otra forma de vida, otras personas, aún sin desprenderse de su estigma.
¿Qué es eso tan malo que ha hecho para ser merecedora de tanto desprecio por parte de su madre mientras sus iguales son tratados con amor y respeto?. ¡Algo tiene que haber!
No puede evitar sentir cierta despersonalización al observarse desde fuera, con sus pequeños ojos inundados de lágrimas. Tiene que averiguar cual es el motivo que la distingue del resto y que provoca no ser merecedora de todo el amor que ve a su alrededor.

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Mis amigos de la infancia. Parte 2.
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